Economía

El enemigo principal

Lavar, cocinar, ordenar y sangrar. Son los mandamientos que dicta el padre sobre la hija. “No quiero morir así, a mi madre la mató el silencio, el encierro, el ensimismamiento. No hemos nacido del sufrimiento, venimos del sufrimiento”. Así habla Domitila.

Si nos permiten hablar se estrenó el sábado pasado en el Teatro Municipal de La Paz dentro del Festival Escénica. Es un trabajo de largo recorrido entre Teatro El Animal (tres jóvenes mujeres de Sucre: Raisa Encinas, Fabiola Mendoza y Mariana Pórcel) y el Teatro de los Andes que, bajo la dirección de Alice Padilha Guimarães y Gonzalo Callejas, pone su sello. El resultado es teatro en estado puro, documental y político, teatro que habla de ayer con ecos de hoy

Supongamos que nos equivocamos. Supongamos que otros agarran nuestros errores para volverse a equivocar, que olvidamos a nuestras warmis valerosas, que vuelve el miedo. Supongamos que desde las profundidades de la mina suena una voz femenina que transforma el horror en esperanza. Supongamos, entonces, que Domitila ha vuelto.

Lavar, cocinar, ordenar y sangrar. Son los mandamientos que dicta el padre sobre la hija. “No quiero morir así, a mi madre la mató el silencio, el encierro, el ensimismamiento. No hemos nacido del sufrimiento, venimos del sufrimiento”. Así habla Domitila.

Si nos permiten hablar se estrenó el sábado pasado en el Teatro Municipal de La Paz dentro del Festival Escénica. Es un trabajo de largo recorrido entre Teatro El Animal (tres jóvenes mujeres de Sucre: Raisa Encinas, Fabiola Mendoza y Mariana Pórcel) y el Teatro de los Andes que, bajo la dirección de Alice Padilha Guimarães y Gonzalo Callejas, pone su sello. El resultado es teatro en estado puro, documental y político, teatro que habla de ayer con ecos de hoy.

Desde la última fila del Municipal, Raisa es Domitila. El gran parecido físico de la actriz con el personaje suma estremecimiento a la obra, un viaje hasta el manqhapacha con la violencia de la dictadura y del machismo a cuestas.  

“Muestra tus manos, Domitila. ¿Qué es luchar? ¿Sobrevivir o resistir? ¿Quedarse una quieta, cavar tu propia tumba o romper y soñar? ¿Qué es el frío? El frío es de color rojo, es un dolor en todo el cuerpo, es el silencio”.

Cinco mujeres piensan derrumbar una dictadura: Domitila y cuatro más, y cientos más y miles más. “Han matado a mi padre en la noche de San Juan / con ruido de gorras, de botas y fusiles / vinieron y mataron”. Suena al final el huayño, canta el compañero Nilo, otro imprescindible.

El audiovisual nos pone delante de una Domitila gigante, la mujer que venció el miedo, que destrozó todos los papeles, la mujer que soñó con alcanzar la cumbre de la montaña para tocar la paz, la mujer que reivindicó el feminismo de clase, el único posible.

“¿Qué cocinas, Domitila, a las cuatro de la mañana? Una sopa de sueños con lágrimas para sazonar”.

Si nos permiten hablar es un homenaje emotivo para Domitila, para todas las mujeres mineras de fuego y de nieve. Los textos llegan de la mano de Arístides Vargas y del libro Si me permiten hablar, de Moema Viezzer. El proyecto es de larga data, es fruto de una investigación profunda con talleres junto a la Federación de Mujeres Mineras del norte potosino, recogiendo testimonios de masacre, recuperando las voces femeninas.

“¿Qué es sufrir, Domitila? Es sentir que te ahogas en tu propio sollozo. ¿Qué es morir? Es un misterio, es tener hambre, es un dolor en el pecho, es el frío que atraviesa y quema”.

La puesta en escena es marca de la casa: metafórica, poética, simbólica. El papel representa la fortaleza y la fragilidad. Las imágenes se clavan en la retina: los disparos y la represión provocan agujeros en el corazón: belleza y dolor, profunda pena. Raisa Encinas destaca sobremanera y compone una Domitila de carne y hueso, trabajando con la verdad de una pura emoción; se mete en el personaje y con su propia voz resucita a la mujer minera. No, no has muerto, Domitila.

La obra ha sido ya presentada en Llallagua, Huanuni, Uncía y Cochabamba. Se viene el estreno en Sucre y al año llegará el turno para el público en Santa Cruz y en el Fitaz paceño, pero aún puede crecer. Si nos permiten hablar todavía tiene lagunas, pero también tiene ajayu, y eso es, en última instancia, el teatro. Eso y la necesidad honesta de contar una historia, de preservar la memoria. Supongamos que ahora sí no nos equivocaremos.

Después de 50 minutos intensos cae el telón y con él, un silencio incómodo. La platea está en shock, tocada. El elenco sale al escenario, Raisa está llorando. Un espectador de la segunda fila se para y aplaude. Luego son tres más y ahora somos decenas.

“El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos dentro”.

* Periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.