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Levantamuertos en tiempos de COVID: intervención a ciegas y certificados chafas

Juan Carlos Carvallo
La muerte de una popular luchadora japonesa desata las críticas al ciberacoso

“Todo da pánico”, cuenta el perito Agustín Méndez, de Puebla. “Antier atendí un caso de homicidio: un hombre de 48 años de edad, con un mes de haber llegado de California. Desde que recibes la información, automáticamente piensas en coronavirus, sabía que era un homicidio, pero para nosotros los del área forense es una intervención a ciegas. Al menos los médicos clínicos tienen la descripción de los síntomas del paciente, pero nosotros no tenemos ningún antecedente. Debemos hacer la necropsia con lo mínimo que cada quien compra para su seguridad… aunque no es suficiente. Todos los días hay muertos, se toman precauciones, pero se terminan lanzando escopetazos sin sentido. No es posible siquiera calificarlos. Son burdos los análisis que se emiten, no tenemos cómo detectar. A tal grado es la zozobra que he tenido que elaborar certificados de defunción virtuales, para no estar en contacto con el cadáver”

Les dicen, con cierto desdén, los “levantamuertos”. Son peritos médicos, legistas o forenses, quienes tienen el primer contacto con cadáveres cuyo deceso fue de manera violenta, accidental o sospechosa; su objetivo es investigar y determinar las causas del fallecimiento.

En tiempos del coronavirus su labor ha crecido en riesgos, por la falta histórica de equipo de protección y la insensibilidad de quienes encabezan las fiscalías estatales, de las cuales dependen.

Crónica rescata las voces de algunos de ellos, en los estados de Puebla, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. Son testimonios crudos. Van de pueblo en pueblo, de ranchería en ranchería, enfrentando a la muerte.

Sus historias denotan no sólo vulnerabilidad personal, también reflejan anomalías estructurales en el país: deficiencias en las bases de datos sobre defunciones, las cuales se derivan de las carencias y del peligro latente a su integridad física, más aún en el pico nacional de la pandemia. Una de las irregularidades es la emisión de certificados de defunción falsos o virtuales, con tal de evadir el roce con los occisos.

“Todo da pánico”, cuenta el perito Agustín Méndez, de Puebla. “Antier atendí un caso de homicidio: un hombre de 48 años de edad, con un mes de haber llegado de California. Desde que recibes la información, automáticamente piensas en coronavirus, sabía que era un homicidio, pero para nosotros los del área forense es una intervención a ciegas. Al menos los médicos clínicos tienen la descripción de los síntomas del paciente, pero nosotros no tenemos ningún antecedente. Debemos hacer la necropsia con lo mínimo que cada quien compra para su seguridad… aunque no es suficiente. Todos los días hay muertos, se toman precauciones, pero se terminan lanzando escopetazos sin sentido. No es posible siquiera calificarlos. Son burdos los análisis que se emiten, no tenemos cómo detectar. A tal grado es la zozobra que he tenido que elaborar certificados de defunción virtuales, para no estar en contacto con el cadáver”.

Proliferan casos en los cuales los fallecidos en estas circunstancias son paisanos retornados en los últimos meses de Estados Unidos. No se sabe siquiera cómo lograron cruzar a México sin un test de detención…

El retorno a nuestro territorio de migrantes mexicanos, fue una manifestación advertida por las autoridades de la Secretaría de Salud, como secuela del COVID-19 extendido en otras naciones. Lo explicó así el subsecretario y vocero en el tema del gobierno federal, Hugo López-Gatell:

“Lo que sí puede ser un fenómeno es el retorno migratorio de los paisanos en Estados Unidos quienes, expulsados por el temor a la epidemia allá, la falta de servicios que necesitan, y la necesidad de regresar al origen, les haga venir a México”.

MARICONES. Los peritos o forenses se han enfrentado al escarnio: en su ámbito de trabajo los tildan de “maricones”, sólo por usar equipo de protección.

“A la Fiscalía no le ha interesado el tema de la prevención. Hay muchos ministerios públicos o agentes estatales de investigación que se saltan la ley, que nada les pasará: desde el inicio de la contingencia la gran mayoría de ellos han ignorado las medidas de seguridad, hacen comentarios como que ‘el virus no existe, son pendejadas’. Estamos aún infestados de machismo: se burlan de que usemos cubrebocas u otras medidas de prevención. No pienso que usar cubrebocas sea de maricones, pero mis compañeros así lo ven. Puedo decir que el 80 por ciento de ministerios y agentes no han dejado de asistir a la oficina aunque haya sido un ordenamiento federal, atienden a la gente sin cubrebocas, aglomerados en cubículos de 2×2 metros”, narra Juan de Dios González, de Michoacán.

“He hablado con mi superior inmediato, exhortándolo a que de alguna manera evitemos las necropsias en personas sospechosas o, al menos, no ser tan invasivos, para evitar contagios. Así lo marcan los nuevos protocolos de manejo de cadáveres, y más ahora en época del virus”.

–¿Qué establecen esos protocolos? -se le pregunta al doctor González.

–Que no se deben hacerse necropsias a cadáveres positivos a coronavirus. Sólo se han hecho y muy pocas en países como Japón, Suecia, España, Italia, Estados Unidos, Bulgaria y China, exclusivamente con fines de investigación. Pese a los lineamientos, damos palos de ciego, porque desconocemos si los cadáveres que atendemos son o no positivos a COVID o a cualquier otra enfermedad viral o bacteriana, o si fueron asintomáticos.

El forense Oscar Rojas, de Guerrero, también admite la expedición de certificados falseados o llenados con datos inventados, sin el análisis mínimo a los cadáveres.

Los llamamos certificados virtuales, son los que se han estado elaborando sin intervenir el cuerpo, por temor a realizar una necropsia a alguien sospechoso. Cuando tenemos indicios o sospechas de que esa persona pudo estar contagiado, no intervenimos, aunque sea causa violenta o los jefes nos ordenen actuar”.

–¿Cómo se llena el documento entonces?

–Se extiende el certificado sin hacer la necropsia, sólo con la descripción de sus familiares. En algunos casos los jefes inmediatos han consentido no alargar las necropsias y abrir la cavidad donde se sospeche está la causa de muerte, ya no las tres cavidades que la ley mandata, aunque el ordenamiento no lo hacen oficial, sólo verbal, por si surge algún problema con los familiares y así puedan deslindarse…