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twp3 | Matteo Salvini: el populista que pone de cabeza a Italia

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¿Quién referenciaba a Matteo Salvini como ese líder implacable y radical antes de las elecciones del año pasado en Italia? Pocos, al menos en la escena internacional. Su vertiginosa e inesperada escalada en la política nacional justifica el desconocimiento.

En 2014, cuando se celebraron las elecciones al Parlamento europeo, obtuvo el 6,1 % de los votos. Solo pasaron cuatro años para que en los comicios generales italianos de 2018 triplicara su cifra para llegar hasta un 17,3 %. Nadie se esperaba el bombazo, que hoy tiene caminando al gobierno en una cuerda floja que se puede romper en cualquier momento.

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Nunca fue un protagonista ruidoso, ni siquiera en las elecciones generales de 2018, cuando el Movimiento 5 Estrellas (M5E) se reveló como uno de los partidos políticos más populares del país, con su ideología antisistema creada por el humorista italiano Beppe Grillo en las entrañas de las redes sociales. Acechante, esperó la necesidad del rival para dar la estocada final y llegar hasta una de las posiciones más altas del gobierno italiano. Cuando el M5E tuvo que buscar alianzas para consolidar su gobierno y asegurar mayorías, Salvini ofreció los votos de su movimiento, La Liga Norte, a cambio de un jugoso botín: el Ministerio del Interior.

Era cuestión de tiempo hasta que esa frágil alianza, que compartía algunas posiciones, se fracturara. Salvini radicalizó los pactos iniciales y abrió una brecha irreconciliable en la que ahora todas las fichas juegan a su favor. “La única alternativa es votar”, aseguró hace algunas semanas, y lo hizo a sabiendas de que si hoy se celebraran elecciones anticipadas, ganaría con una amplia victoria sobre el líder del M5E, Luigi de Maio. Los resultados de las parlamentarias europeas del pasado 26 de mayo fueron contundentes: el ministro del Interior pasó de ese 17 % de 2018 a un 34 %, mientras que Di Maio bajó de un 32 % a un 17 % de votos.

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La dimensión que tiene hoy la adquirió cuando asumió la cartera del Interior y se reveló como un mandatario radical moderno, al mejor estilo de Donald Trump y Jair Bolsonaro, de esos que gobiernan a través de Twitter y Facebook a base de improperios y ataques. Su carta fuerte fue detener la llegada, o “invasión”, como suele decirle, de migrantes ilegales provenientes de África y Medio Oriente. Por eso cerró los puertos a la llegada de cualquier barco rescatista, con frases como: “¡Pueden irse adonde quieran, pero no a Italia! Stop traficantes de seres humanos y cómplices”.

Salvini es un animal de campañas electorales y ha sabido utilizar hábilmente la comunicación en las redes sociales y en el territorio. Ha interpretado el sentimiento profundo de los italianos, que exigen al mismo tiempo un cambio radical y protección de su estatus socioeconómico”, explicó Marco Valbruzzi, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Bolonia, a Infobae .

El pasado marzo, a un año de estar en el cargo, Il Corriere della Sera hizo un balance de productividad, y el resultado deja mucho qué desear. Bajo su responsabilidad está la Policía, los bomberos, la regularidad de las elecciones, la protección civil, tiene poder ejecutivo sobre temas migratorios, asilo, orden público y es la única autoridad política que puede autorizar interceptaciones preventivas relacionadas con mafia o terrorismo por lo que, en teoría, Salvini debería pasar la mayoría de su tiempo en el Palacio del Viminal, donde trabajan el resto de ministros.

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Sin embargo, poco o nada se le ha visto ahí. En vez de estar en esos asuntos, el medio italiano asegura que entre junio de 2018 a febrero de este año ha estado diez días al mes en la sede ministerial, y solo un 2 % del tiempo en el Parlamento. Todo esto a cambio de misiones “institucionales” como ferias de armas, equinas, visitas a playas y piscinas, constantes actividades de campaña, asistencia al Gran Premio de Monza, de la Fórmula 1 y a la final de la Copa del Mundo en Rusia, país con el que hace poco lo relacionaron en un escándalo de corrupción que todavía está en investigación.

Ha estado ausente en crisis humanitarias como la de los casi 170 migrantes africanos salvados por el barco Diciotti que no podían atracar en Catania, al sur del país, o en Calabria, cuando en agosto pasado un derrumbe causó la muerte a diez personas. Tampoco asistió a las dos sesiones del Consejo de ministros del Interior europeos para hablar sobre migración y asilo. Con todo y eso, parece que su popularidad se mantiene, así como sus constantes apariciones en medios de comunicación tradicionales y digitales.

El bajo perfil de Salvini Hace cuatro años a nadie se le pasaba por la cabeza el nombre de Matteo Salvini. Sin embargo, su escalada en la política italiana fue tan silenciosa como constante. Luego de abandonar el programa de historia que cursaba en la universidad, comenzó a involucrarse en movimientos sociales que moldearon su manera de pensar.

La primera gran prueba de su carrera fue a los veinte años, cuando fue elegido concejal de la Liga Norte, que fue fundada en 1991 por el político Umberto Bossi, quien nunca creyó en el centralismo romano. La clave de su crecimiento estuvo en convencer a los industriales ricos del norte con el argumento de que el gobierno les estaba sacando recursos innecesarios para invertirlos en el sur, una zona empobrecida y deshabitada desde hace mucho tiempo en Italia.

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Los proyectos políticos de La Liga fracasaron durante un largo período, pues la idea de independizar toda la región norte del país nunca germinó. Mientras tanto, Salvini escalaba puestos en la formación, consolidando terreno que le serviría para el futuro. En 2013, por fin, logró llegar a la secretaría federal. A partir de ahí cambió sus líneas discursivas y puso en el centro de su debate a las instituciones europeas y la migración ilegal.

Luca Verzichelli, profesor de política italiana de la Universidad de Siena, aseguró a Infobae: “Tiene dos capacidades principales, que son características típicas de los líderes populistas: el uso de un discurso muy simplificado, que hace énfasis en las diferencias entre el establishment clásico y el ‘pueblo soberano’ que él representaría, y la apelación a ciertos temas para movilizar las preocupaciones y los miedos. En particular, la seguridad, el estilo de vida nacional y el enfoque continuo en los efectos negativos de la migración”.

Un éxito como resultado histórico El hecho de que millones de personas en todo el mundo estén atraídas en distintos puntos del mundo hacia ese discurso de los Dutertes, Trumps, Bolsonaros y Salvinis no es una coincidencia, sino que podría ser un cúmulo de factores históricos. Para Juan Manuel Sánchez, historiador de la Universidad Ludwig Maximilian, en Múnich, la clave es entender el proceso que vivió el mundo después de la Segunda Guerra Mundial, que desembocó en las revoluciones estudiantiles de 1968.

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Los caminos que tomaron casi todos los países de Europa y Estados Unidos fueron muy distintos al de Alemania. Los estudiantes alemanes de ese año, que crecieron en lo que se conoce como la comunidad del silencio, en la que no se hablaba de lo que había ocurrido en el país, se encontraron en las universidades con que tenían que juzgar la culpa histórica de sus papás. Desde el 68 hasta el día de hoy las instituciones fomentan el reconocimiento de la responsabilidad y estrategias para que no vuelva a ocurrir”, aseguró Sánchez a El Espectador .

Aunque parezca lejano, el hecho podría explicar por qué en otros países como Francia, Italia o en la Europa del este germinan movimientos radicales y enemigos de los migrantes más rápido que en Alemania. “Después de 1945 hay tres bandos: los que ganaron la guerra, los invadidos por los nazis y los perdedores. Los italianos nunca se sintieron responsables de nada, pues asumieron una condición de ‘invadidos’ y hoy en día el fascismo ni siquiera es visto como algo negativo para muchos, porque para ellos esa ideología no fue creada en Italia. Las mentes brillantes salieron a Estados Unidos y nunca hubo una autocrítica en su responsabilidad como agentes causantes del holocausto”, agregó el experto.

Por eso ahora llega un tipo como Salvini, con políticas muy parecidas a las del fascismo basadas en un sistema de propaganda similar, con una aceptación masiva. En Alemania probablemente también existen estas ideas, pero hay una mayor resistencia”, remata Sánchez.

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2019-08-14T15:47:07-05:00

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Nicolás Marín Navas

El Mundo

Matteo Salvini: el populista que pone de cabeza a Italia

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